
A cinco kilómetros de profundidad, bajo la superficie azul oscura del océano Pacífico, entre
Hawái y la costa oeste de
Norteamérica, hay un lugar que puede describirse como
la próxima Arabia Saudí de la minería submarina. Allá abajo, en medio de masas de agua fría y negra como la tinta, yacen trillones de rocas del tamaño de papas que se extienden casi tocándose a lo largo de miles de kilómetros sobre el suave fango del lecho marino.
Se llaman nódulos polimetálicos porque están compuestos de cobalto, níquel, cobre y manganeso, los metales más críticos en la fabricación de baterías para teléfonos móviles, autos eléctricos, turbinas de viento, paneles solares y muchas otras tecnologías y dispositivos sin los cuales la próxima generación de energías renovables será completamente imposible de concebir.
Si para el año 2050 la población global habrá aumentado a 9,8 mil millones, como auguran las
Naciones Unidas, la demanda de estos metales será realmente urgente. Especialmente teniendo en cuenta que el 66% de la gente vivirá en áreas urbanas.
La demanda global de níquel, por ejemplo, es ahora de dos ...