En el mundo entero y de forma particular en America Latina evidenciamos que el extractivismo y la violencia contra la mujer van de la mano.
Bajo la lógica de acumulación se mercantiliza la vida, los cuerpos y el territorio, como objetos sobre los que otros deciden, dominan y explotan; estas relaciones asimétricas de poder invisibilizan y degradan las diferentes formas de “Desarrollo”, de saberes, de armonía con la Madre Tierra que es practicado por las protectoras ancestrales de la Naturaleza y la vida, las mujeres indígenas.
Con profunda indignación vemos como en toda América Latina se ejerce violencia física, psicológica, violencia ambiental contra las mujeres: son despojadas y desplazadas de su territorio, son captadas por redes de trata y trafico de personas, abusadas sexualmente, reciben las cargas agregadas por el extractivismo minero y petrolero ya que deben ir en busca de nuevas fuentes de agua limpia, deben garantizar la seguridad y soberanía alimentaria de sus familias, pierden su trabajo por que su campo ya no produce, están expuestas a intimidación y abusos sexuales por trabajadores mineros y afrontan la criminalización de la protesta social.



Ante la inminente catástrofe existencial a la que nos llevó el sistema-mundo-occidental-capitalista, en los últimos años, activistas reflexivos, y algunos de la academia progresista, “descubrieron” los modelos de convivencia milenaria de los pueblos originarios y los plantearon como desarrollo alternativo.
A las y los integrantes de la
Una forma de explotar a la naturaleza es la extracción de petróleo y minerales que utiliza enormes cantidades de agua y la contamina pues produce desechos tóxicos; estos químicos enferman también a los suelos y a la gente. Las empresas petroleras y mineras cuando llegan a los territorios causan grandes problemas, rompen el tejido comunitario y lo reemplazan con conflictos en las familias, la división de comunidades, la confrontación entre unos y otros. Los daños producidos por estas actividades extractivas son a largo plazo, y duran mucho más que las utilidades económicas que dicen generar.
La minería de oro se ha convertido en un flagelo que azota muchos países de América Latina. En algunos sitios operan unas pocas transnacionales gigantes, pero en otras zonas se agolpan cientos, miles de personas, hurgando en los ríos de las selvas o entrañas de las montañas en busca de unos gramos de oro.
Manifiesto del Foro Mujer y Minería
Durante las últimas dos décadas, la industria minera -en particular la minería metálica- ha retomado gran relevancia en América Central. Ese nuevo auge se debe, por un lado, a la disminución de regulaciones para su actividad de parte de los gobiernos nacionales y, por el otro, a la creciente demanda y los altos precios internacionales de metales como el oro, que en 2013 fue cotizado U$ 1.300 la onza (28 gramos), un incremento aproximado del 350% en los últimos 15 años.