El rescate de los mineros en Chile y Pasta de Conchos

Por Santos Urbina
Frente al regocijo del mundo entero por el rescate de los 33 mineros atrapados bajo la tierra desde el 5 de agosto en Chile, el recuerdo de nuestros 65 hermanos mineros muertos en el 2006 en la mina de Pasta de Conchos, en Coahuila, nos embarga el corazón.

A diferencia de los mineros chilenos y el boliviano, que protagonizaron un hecho sin precedente de valor y dignidad, llamando la atención del mundo entero que siguió paso a paso su rescate jubiloso; la suerte que siguieron los mineros mexicanos abandonados en el socavón carbonífero de San Juan de Sabinas, nos llena de coraje y vergüenza.

Los chilenos, enterrados a 700 metros de profundidad, lograron ver la luz del día de nuevo; los mexicanos, sepultados a una profundidad relativamente menor, no vivieron para contarlo. Condenados a la noche eterna siguen en espera de que se haga justicia.

Uno a uno, los mineros del yacimiento de cobre y oro de San José, en el desierto de Atacama, fueron sacados de las entrañas de la tierra en una cápsula que recorrió un largo y estrecho túnel perforado con el propósito de salvarles la vida. En cambio, los obreros atrapados en la mina de carbón de Pasta de Conchos, en la región de Nueva Rosita, quedaron enterrados sin remedio y sentenciados a la muerte por la empresa que tenía la obligación de salvarlos. ¿Será porque el carbón de Pasta de Conchos vale menos que el oro de San José?

Entre aplausos de los rescatistas y trabajadores, las esposas de los mineros chilenos, con emoción y nerviosismo recibieron a sus hombres, colmándolos de besos y abrazos. Por el contrario, las madres y mujeres de los mineros mexicanos, siguen con las manos vacías llorando la ausencia de sus seres queridos y en espera de sus cuerpos para darles honorable sepultura y paz a sus almas.

El Presidente de Chile, Sebastián Piñera, en un alarde publicitario en beneficio del  rating de su gobierno, tuvo el rasgo humano de asistir al lugar para recibir a los mineros rescatados y abrazar a las esposas y familiares presentes; en cambio, a sus homólogos en México, Vicente Fox y Felipe Calderón, nunca les interesó la suerte de los mineros mexicanos sepultados en las venas de la tierra, jamás se pararon en la mina, ni nunca quisieron recibir a los familiares que les solicitaron audiencia.

Calderón, en vez de ayudar y consolar a las familias que lloran a sus muertos y reclaman justicia, en la madrugada del 7 de junio de este año, hizo complicidad con el gobierno de Coahuila para desalojar por la fuerza a las madres, viudas y huérfanos que permanecían en guardia afuera de la mina cerrada desde el 19 febrero de 2006, cuando ocurrió la tragedia. El violento desalojo policiaco se instrumentó para permitir que la empresa Minera México, filial del Grupo México, tome el control de la mina y pueda explotar el yacimiento carbonífero, a pesar de existe una suspensión definitiva a toda obra de exploración y explotación de carbón en el lugar.

Piñera, en compañía de su ministro de minería ofreció que nunca más se abrirá una mina en Chile que no ofrezca seguridad a los trabajadores; mientras que Calderón, junto a su secretario de trabajo, simulando legalidad cancelan el derecho de huelga de los trabajadores y ejercen violenta represión en contra de los mineros mexicanos que reclaman mejores condiciones de seguridad e higiene.

En esta hora de felicidad de las familias chilenas que vivieron el dramático retorno de los mineros a sus hogares, luego de la Odisea vivida que revaloró en todo el mundo el significado del trabajo más sufrido y peligroso, es justo recordar a nuestros hermanos mineros de Pasta de Conchos, a quienes el gobierno mexicano y los empresarios, por codicia y voracidad, despojaron de sus vidas.

Recordar que las madres, viudas y huérfanos de los mineros desaparecidos siguen en espera de los cuerpos de sus seres queridos, y de la justicia que tendrá que llegar cuando se abran los túneles que los rescaten y las grandes alamedas por las que tendrá que pasar el hombre nuevo, como dijo Salvador Allende.

Ni perdón ni olvido. ¡Justicia!
Guadalajara, Jal., 13 de octubre de 2010
“Los obreros arrancan algún triunfo que otro, pero siempre transitorio. El verdadero objetivo de estas luchas, no es conseguir un resultado inmediato, sino el ir extendiendo y consolidando la unión obrera. Ayudan a ello, los medios de comunicación cada vez más asequibles, creados por la gran industria, y que se utilizan para poner en contacto a los obreros de las diversas regiones y localidades. Gracias a las comunicaciones, las múltiples acciones locales, que en todas partes presentan un carácter idéntico, se convierten en un movimiento nacional, en una lucha de clases. Y toda lucha de clases es una acción política.” C. Marx y F. Engels. El Manifiesto Comunista.


Publicado el: 14 Octubre 2010
Categorias: Mexico
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