Juan Carlos Ruiz Guadalajara*
Escribo estas líneas la víspera del 8 de junio, cuando los ciudadanos de diversas comunidades del Valle del Huasco, en Chile, realizan la décima Marcha por la vida y el agua contra Pascua Lama, proyecto minero del corporativo canadiense Barrick Gold, primer productor mundial de oro. La importancia de la movilización encabezada por el Movimiento Socioambiental del Valle del Huasco trasciende el ámbito local, no sólo por enfrentar a Barrick y su negro historial que la convierte en el sucio emblema global de las mineras canadienses, sino por la defensa del territorio y las reservas estratégicas de agua fósil de los glaciares, entre otros aspectos relevantes asociados a la urgencia de cancelar la megaminería a cielo abierto y replantear a escala mundial el modelo extractivo. Desde la llegada de Barrick a la provincia del Huasco los habitantes de la región han vivido en carne propia la experiencia de convivir con un poder trasnacional que, además de confrontar con mentiras y dinero a las comunidades, llegó al extremo de lograr que los gobiernos de Chile y Argentina le transfieran una franja de territorio binacional para su proyecto de megaminería de tajo a cielo abierto en plena zona glaciar y periglaciar.



Informe sostiene que minería mundial del cobre redujo su presencia, pasando de 25% (en 2007) al 18% el año pasado.
Este 26 de junio se realizará un paro comunal en Calama, el que se votó en un cabildo ciudadano y que tiene como motivación la falta de respuesta por parte del Gobierno. Propuestas como el Fondenor, que es el que apunta a resolver gran parte de las demandas, por parte del Ejecutivo, es rechazado por todos los sectores ajenos al oficialismo.