En la Quebrada de la Plata, a una hora de caminata por un árido sendero entre los cerros del extremo poniente de Maipú, había hasta hace poco una cerca de alambre de púas, un letrero que decía “No ingresar. Sólo personal autorizado. Zona de Explotación Minera” y un guardia que con perros impedía el paso. Ni a Marcelo Orellana, hasta hace poco administrador del Fundo Rinconada de la Universidad de Chile (del cual forma parte la quebrada), lo dejaban pasar. Lo mismo le pasó a inspectores de Sernageomin, de la Superintendencia del Medioambiente (SMA) y de la Municipalidad de Maipú: cuando iban a fiscalizar, no les permitían entrar. Así consta en distintos informes. Incluso al alcalde Cristian Vittori le habrían prohibido con perros el ingreso a la Mina Panales, una faena minera que desde 2012 ha operado ilegalmente en terrenos de la Facultad de Ciencias Agronómicas de la Universidad de Chile (FCA) y que ninguna institución ha sido capaz de detener de forma definitiva.



Para nadie es un secreto la emblemática contaminación de Chañaral compuesta por 350 millones de toneladas de relaves mineros provenientes de la gran minería, cuya composición es de diversos componentes químicos y metales pesados, y la responsabilidad legal es la minera estatal CODELCO-CHILE que utilizó la bahía de este puerto como un verdadero tranque natural desde 1938 hasta 1989.
El Servicio de Geología y Minería confirmó que se produjo daño a la pila de lixiviación dinámica de la mina Zaldívar. En dichas instalaciones se separan los minerales para extraer elementos puros.
Durante décadas, diversas organizaciones y comunidades han estado denunciando los graves impactos ambientales y sociales de la industria minera. Junto a los cauces de los ríos del norte de Chile se ubican tanto pueblos y ciudades como también las grandes faenas extractivas. Sus desechos, que incluyen metales pesados como Arsénico, Mercurio, Cadmio, Plomo y Cobre, generan graves problemas de salud en la población. Estos tranques de relaves mineros se depositan «normalmente» en quebradas cercanas a pueblos y ciudades.
El alcalde de Copiapó, Maglio Cicardini, confirmó que los vecinos están sintiendo picazones producto posiblemente de los metales pesados de los tranques de relaves que estaban abandonados en la capital regional de Atacama. Los vecinos lo dejaron “bastante preocupado”, dijo.
De manera alarmante, a cuatro días del comienzo de la emergencia en nuestra comuna, el Estado aún no entrega la ayuda más urgente y fundamental en estos momentos: helicópteros. Éstos son los únicos que pueden acceder a las localidades aisladas sin luz y llevar agua y alimentos, así como rescatar vidas y realizar un catastro, sobre todo ver qué sucede en las cabeceras de valle de las cuales hoy no sabemos nada porque el tránsito por tierra es imposible en tramos y la comunicación por celular en esas zonas no existe desde antes de la catástrofe.
El tranque Ojanco de propiedad de la minera alemana Sali Hochschild, que se encuentra abandonado en las cercanías de Copiapó, es el que presenta mayor riesgo para la población, según el Director Regional, Sr. Miguel Fortt.
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Este 21 y 22 de marzo: