Las comunidades golpeadas por las actividades mineras, a través de 30 representantes procedentes de África, Asia y América, podrán presentar sus problemas y preocupaciones durante el Encuentro organizado por el Pontificio Consejo Justicia y Paz del 17 al 19 de julio. El encuentro, que lleva por nombre “Una jornada de reflexión — Unidos a Dios escuchamos un grito”, ha sido presentado este viernes por el cardenal Peter Turkson, presidente de dicho dicasterio, y por algunos de los participantes que han presentado su testimonio.
El cardenal señaló que el objetivo de este encuentro es “analizar la situación de estas comunidades”.
Purpurado consideró que el debate puede llevar a un nivel más alto las tratativas entre representantes mineros, gobiernos, empresas o señores locales de los países donde se encuentran los yacimientos, ya que reconoció los casos son muy variados y las situaciones diversas.



El Vaticano pidió hoy a empresarios, banqueros y políticos que se comprometan para que cese la impunidad en el sector de la minería, en particular en los países pobres donde se cometen graves crímenes contra los trabajadores de las minas.
Uno de los lugares más contaminados de Europa es Salsigne, un pequeño pueblo en el sur de Francia. La culpa es de la mina de oro que abrió allí hace más de un siglo. Cuando cerró, en 2004, el gobierno francés dijo que el manejo de los deshechos de la mina era «caótico» y que produjo la «contaminación del agua debido a metaloides como arsénico, cromo, cadmio y níquel». Ahora, todo ese arsénico ha causado un enorme desastre ambiental en el subsuelo y en el cercano río Orbiel. El arsénico en el agua es 450 veces mayor al límite legal de diez microgramos por litro, y en enero de 2013 cerca de 500 metros del cauce del Orbiel se volvieron naranja debido a la contaminación. Hervé Pujol, un investigador del Centro Nacional para la Investigación Científica de Francia, dice que la tarea de remover todo el arsénico podría costarle al gobierno 125 millones de euros.
Portal minero
Miércoles, 08 Julio 2015
La compañía, fundada en 2013, aún está recaudando fondos para poder mandar su primer «rover» a la Luna, el cual espera que sea lanzado en torno a la segunda mitad de 2016 por el operador estadounidense SpaceX.
Este anuncio coincide con la adopción de una nueva política sobre cambio climático recomendado por el Grupo Asesor de Inversión Ética de la Iglesia (EIAG) que establece cómo los tres organismos de inversión nacionales apoyarán la transición a una economía baja en carbono.
DECLARACIÓN DE LOS PARTICIPANTES EN EL COLOQUIO DEL 22 DE MAYO EN EL SENADO,